En los abrazos hay una fuente eterna de sincronía que puede formar nuevos mundos, es la luz que viene del fuego tras una noche en penumbra. Pienso mucho en la forma que construimos la gratitud y la intimidad.
En todas las especies y todos los abrazos, hay un camino directo de nuestros energías, luego de establecer el primer lazo, en adelante a veces nos preguntaremos dónde está esa persona, como podría consolarla si lo necesita.
Porque la distancia se puede sembrar, pero nunca cercenar. Y el tejido de nuestros pensamientos recuerda con prontitud cuando aparece el momento adecuado.
Somos miembros de las almas que tocamos y sentimos, hacemos un tunel en la verdad al escuchar el pulso de una piel y los toques de su corazón, en un abrazo cesamos las especulaciones y opiniones sobre el mundo, y con cuidado nos hacemos sentir en casa. Una casa que tiene muebles como un lenguaje idiolecto común, un lugar de procedencia, los mismos estudios, comunes intereses y aficiones, una visión del mundo compartida, el sentido del humor y los sintonizados gustos musicales.
Es mucha ciencia, quizá, para algo más salvaje y sin planeamiento. Como un odio feliz, o un amor pequeño, son sistemas en creación, somos sistemas para crear y dar luz. Y la primera luz que surge es hacernos parte con algunos. Confiamos y hacemos camino en compañía, ese es nuestro poder, también nuestra gracia.
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