Ella y Él bailan juntos.
La danza sobre hielo es distinta al patinaje artístico, porque en la danza importa deslizarse, el ritmo y la conexión con la pareja.
Queremos estos objetos como aquello testigos de una fascinante historia que nos hemos reconstruido en la memoria. Por nosotros mismos en la tarea de escapar de la inexorable máquina que Cronos nos legó. Tratamos, inseguros y curados, de invertir la unidireccionalidad de un perpetuo presente, huyendo con la memoria que reposa en este objeto tridimensional, sobre el peso de una experiencia y la satisfacción de un momento quieto e inalterado. Como el cuidadoso pliegue de estar encantados en ese juego de niñez.
Todo por nosotros mismos, por ellas mismas, por ellos mismos. De nuevo inseguros y curados. Descifrando heridas, estableciendo puentes, respirando la guerra marcada de nuestros derechos y placeres, para las promesas que se acabaron. Que digo y que dices entre cortinas y paredes. Fueron susurros en ondas, que cabalgaban energía, nuestra energía la que impregnó aquellos objetos. Que hoy son meros monumentos que vuelan en fuerzas acumuladas para lo que vivimos antes, con lo dicho, con lo pensado, y lo amado.
Atados en sogas rasgados de cuerpos en posiciones obscenas, condensados en poder, en violencia; actuábamos bajo la frecuencia del ritmo de nuestros deseos de deterioro y sometimiento. Objetos colocados lado a lado de la piel, para apreciar el impacto de nuestras heridas ennegrecidas. Películas de guerra desmanteladas, esperando que nos cuenten todo lo que debimos aprender, o sí todo lo que necesitábamos era el amor. ¿Realmente esa era la pregunta de esta conversación histórica?
Acido en aprecios, afirmando la evidencia forense de que las cosas tienen significado por su choque con la historia, para que hablen y bailen sobre nuestro pasado. Frente al foro, un río lleno de árboles que auguran la marchita luz del verano ya en antaño, podemos despegar en un primer vuelo. Apretando fuerte estos objetos que brillan como diamantes para Lucy en su cielo diamantino, para venerar que puedan contarnos las historias completas, de la que fueron testigos materiales, poseyendo intacta su capacidad de mentir.
La respiración es un atributo tan inmanente que hay poca atención a su necesidad. Es como la cualidad interior más general de tu ser, y que sin embargo puede ser esquiva con mucha facilidad. Así fue como me hube postrado en experiencia carnal, bajo el sol de enero transitando a febrero, recibiendo la brisa veraniega y contando mi frecuencia respiratoria en un minuto. Al unísono del parpadeo en un oxímetro que botaba un número que no debía bajar de 95.
Sabía que me iba a tocar pero otra cosa es vivirlo. Cuidar por dos semanas a una señora que amo en extenso, no tendría otra repercusión. A pesar del inicial resultado que yo daba negativo cuando ella enfermó; solo fue una prórroga. Pero agradezco ese orden propicio, fui fuerte para atender los setentaisiete años cargados por la venerable mujer de ojos claros que me vio nacer. Luego debí ser fuerte para mantener ese regalo vital que me dio.
Enfermarse de Covid es una enfermedad que en su estado moderado a grave se vuelve una enfermedad de la respiración. La respiración que nos permite potencia para levantar la barra de 80kg en una sentadilla, la respiración que se intercala muy hondo cuando estas en la labor de parto para que tu hija venga a respirar también, la respiración que viene cuando lloras extensamente y entre mocos se hipa el ritmo de tus inhalaciones, la respiración cuando nadas en estilo libre y tomas bocanadas para tener control de la velocidad de tu esfuerzo, la respiración cuando estas besando desnuda a tu pareja y el placer recorre la piel de gallina de tu admirable excitación. Y muchos verbos más.
Y con un timo la vitalidad se une tan intensa a la respiración, que solo te empuja a tener aplomo tonto y paciencia ladrando. Las horas temporales horadan el pecho hasta llegar al espinazo porque sientes un fuego en cada extremo del lugar donde deberían residir las alas de nuestra historia angelical. Lo entiendes, cabeza, pulmón y piernas son eslabones para llegar a tu cama y persistir respirando, porque o eres una cadena de hierro o eras un cometa de seda.
El aire a nuestros pulmones, el aire que nos controla al intervalo de entrar y salir de tus vías. Respiración honda. Respiración chiquita. Respiración rápida. Respiración lenta. Respirar te lleva a otros estados de conciencia, pues el verbo respirar es centro y el todo. Con objetividad materialista, llegas a tocar caminos amarillos y escuchar los arcoíris de Venus en ti; en serio, generamos cosas y estados en el parénquima cerebral:
Y me puedo olvidar de mí al entrar en el laberinto del ritmo aeróbico, entre sangre y gas. Como dice la biología la respiración del bebé, tras cortar la unión umbilical, es la primera acción autónoma de todo humano. Y al momento de morir, el termino de tu respiración es de las últimas acciones de tu individualidad.
Somos seres contenidos entre dos respiraciones fundamentales.
Y en la soledad dibujada al estar enfermo, recuerdas el pasado y también el futuro. Porque estás adelantándote en el tiempo, si logras regresar a la salud. Tomas con voluntad el camino de tus acciones venideras para construir lo que recordarás que aún no haces. Pero sabes que quieres y puedes.
Entonces vuelves a respirar, con mucha obstinación, y luego espiras fuego , tierra y agua. Convertido bajo mantos de aire, eres carne de cuatro elementos nadando con éter, en lianas de telarañas y tablas despintadas de remordimiento. Caes de cabeza.
Paras, te dices, me digo: oh consciencia, eres adecuada para mí, quedémonos porque falta todavía. Y sonríes, tosiendo claro está. Sueños de mares, marea de mentes, mentas en luz, luzeas en amor.

La verdad, o la neta, esta mujer fue un gran descubrimiento hace 3 años. No es sorpresa que se volvió un clásico, pues la fuerza que destila esta artista, jamás el punk o el rock peruanos han podido siquiera imaginar. Da envidia, y cabe una pregunta al hado, cuándo aparacerá el grupo peruano con esos ovarios para decir las cosas tan reales, tan hermosamente sónicas. Es frontal la pegada de su música, y llega directo como el gusanito del tequila para que no pase por tu garganta sin que raspe. Porque el verdadero trago arde la garganta, lo de "pasa" son cojudeces de publicistas putos. Y así es la música de Paquita la del Barrio, fuerte y honesta (aparte que tenemos la sospecha que debe ser bien borracha por la música que hace). Pero no se confundan, no tiene nada que ver con la maricielo o el show de chukcha. Esta mujer es jakcorr del firme. Rabioso panqueque en clave popular. Y lo contradictorio, finamente versado. Una poetisa de la dureza y el odio descarnado. Que se hace necesaria entre tanta media verdad y ligereza de los artistas actuales.
Monik Escorpión llegó a un concierto insignificante de cuarenta mil personas, muy temprano cuando el sol despuntaba en lo alto y por ser la primera debía esperar a sus amigos para no sentirse una ostra en medio de tanta algarabía de concierto, pero los imberbes no llegaban. Entonces, daba vueltas mirando si alguien conocido aparecía, e hizo su llegada un muchachito simpaticón que se le acercó y le hizo compañía, y le dijo que no se le despegaría hasta que llegara cualquiera de sus tardones amigos pues creía seguro que la Escorpión merecía resguardo con tales atributos.