El Perú es una profunda brecha.
-Existe un Perú institucional que sectores liberales idealizan, señalado solo en discursos y el papel. Y existe un Perú real, informal y extractivo, donde el poder se ejerce al margen de la ley y donde se tejen las verdaderas redes de influencia.
-Esa diferencia también es económica, más del 70% de la fuerza laboral es informal, por lo que la mayoría de la población opera fuera del marco legal, mientras el 30% formal sostiene una burbuja que prospera gracias a la desprotección de la mayoría.
-No hay sentido real de las ideologías de derecha o izquierda, o fachos o caviares, lo que hay en el Congreso son representantes de intereses privados, y servidumbre de líderes con redes de poder fácticas o mafias. La política peruana se ha convertido en un mercado donde se negocian privilegios y no el interés general.
-Como partidos políticos, lo que hay son asociaciones electorales de corto plazo. Creados para elecciones que se desintegran una vez obtenido el poder. Los futuros diputados senadores, diputados y presidentes solo son empresarios de su propia carrera política.
-Los presidentes terminan traicionando la agenda con la que fueron votados. Fujimori en los 90s, Humala al entregarse a grupos económicos y constructoras brasileñas, Castillo al ceder ministerios a mafias y dedicarse a una corrupción flagrante y burda. Etc.
-El sistema legal se usa como un arma para neutralizar adversarios políticos o para presionar a funcionarios, y quien no se alinea al poder puede ser perseguido judicialmente.
Los peruanos vivimos una sensación de orfandad: no hay partidos que nos representen, no hay instituciones que nos protejan y no hay un sistema judicial que nos garantice justicia. Este es el Perú 2026, y siempre puede ser empeorable.
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