21/9/08

La balada de Ada Gospel


en un proximo dial

Lado A

¡Hey tú!, empecemos a bailar.

Una pareja como Ada Gospel y el rubio empezó este baile hace mucho tiempo. La idea de que la música los acompañe es porque con música crearon amor.

Ada Gospel, fue una niña, porque primero era Ada: flaca y de lentes, que antes del cole tomaba quaker para ser fuerte. Iba al colegio, jugaba, veía tele y escuchaba en la radio canciones que tarareaba la tarde entera al hacer la tarea y limpiar la casa. Incluso, de su cocina salía una vista hacia una calle angosta, con cables aéreos y postes. Por esto al lavar los platos Ada veía pajaritos sobre esos cables y sin dudarlo feliz cantaba las letras del lonchecito; y curiosos, los pajaritos le respondían. Sobre todo si eran amarillos. Fue su primer coro. De esta forma, las melodías fueron semilla y con el pasar de los años dieron un cambio. Por la formación, la sensibilidad y el apego a los demás, Ada y su familia empezaron a ser gospel. Encontraron que el amor de Dios ayuda como una grandiosa canción de amor, para darle sentido a una actividad tan efímera como vivir. Y así nació Ada Gospel. Las canciones de antes se sumaron ahora a todo un catalogo sobre el amor, la verdad y el prójimo.

En estos menesteres Ada Gospel de adolescente también conocía de chicos; con tumbos y aciertos, descubrió lo que es querer con la eternidad de ser novatos, o los compromisos que no se sellan con besos. De las formas del aprendizaje, y como muchas que no son gospel, llegó a certezas sobre que hay un amor único, para siempre y los privilegios de entregarse se deben guardar con recelo, hasta ese día que tenga una bendición y la promesa adulta que los junte con la muerte como único atenuante.

En paralelo, Ada Gospel quería cantar todo lo posible, pues la música le llegaba para salirle de todos lados y así en su iglesia fue la más joven cantante. Y cómo dicen, una canción es como si fueran dos oraciones, ella quería hacerlo sin importar la lengua y se inspiró del norte. Y quiso cantar más, mucho más, hasta el infinito. Aprendió inglés. Aunque lo ignoraba, este fue el primer paso que la acercó al rubio. Si existe un plan, esta fue la letra pe.

La letra ele consistió en un viaje promovido por los miembros de su iglesia a una fría localidad, al norte del sueño de dólares y rascacielos. En este pueblo donde la nieve pintaba todo y el invierno te obliga a andar abrigado; andaba cantando, camino al servicio religioso, pensando en las calles de su perla querida. Y sin imaginarlo, esa tarde donde también la acompañaban pajaritos amarillos, el rubio entraba al servicio con su familia unos minutos antes que ella. La misa y las canciones con que deleitó a su audiencia gringa, fueron la resolución de esta situación. Horas más tarde la familia del rubio la invitaba a cenar y le abría las puertas de su hogar. Aquí fue la primera vez que notó al rubio, aunque ella ya había sido notada. Ella era unos años mayor. Lo suficiente para presentir una mirada que la seguía.

La letra final fue una fiesta días después. Ada Gospel divertida en esta reunión informal con desconocidos pasando a conocidos, fotos, comida y felicidad, siente en repentino su llamado. El rubio ante todos le pide una canción. Ella sorprendida primero, luego con el valor de aquel gesto de admiración se para al medio del salón y canta, Ada Gospel canta una canción a-go-go. Su ocurrencia no fue planeada, pero la grata sorpresa que causó y la alegría de los presentes la entusiasmaron; lo que no supuso en ese momento es que el rubio quedó flechado. La mirada que la seguía, ahora la necesitaba.

Ella también empezó a quererlo ahí. El rubio se colocó una guitarra y con buen timbre cantó una suave canción de amor, a una amada inventada que dormía en nubes. Ojos que se ven en medio de muchos porque brillan sólo para uno. Su romance fue igual de espontáneo, caminaban, jugaban, cantaban "la soledad" en el carro del rubio mientras afuera la vista eran lagos y abedules. El invierno parecía irse con sus primeros besos, y en verdad se fue pero no dio paso a otoño, nació a la primavera. Ada Gospel sintió el primer gran amor, y como si las notas agudas la llevarán a un estado donde agradecía la mano de Dios, cantó las mejores notas de su vida. Pero siempre hay un final o en este caso una pausa. Ada Gospel debía regresar, aunque ahora no quería. Las maletas se armaron, se juntó con lágrimas la esperanza de que no acabaría ahí. Esta había sido la mejor experiencia para sus jóvenes vidas. Él todavía estaba en el high school, ella debía volver para empezar la universidad. Y esa fue la primera promesa y despedida en un aeropuerto. Sobre el avión, las nubes de esta amante inventada parecían cargarse con tristeza para llover sobre el azul océano que abajo se desplegaba.

Lado B

En Lima, Ada Gospel empezó la universidad. Los siguientes pasos de este baile se dieron con e-mails y algunas llamadas, así mantuvieron viva sus ganas de pertenecerse exclusivamente. Sin embargo, el estar tan lejos causó que sus promesas se enfriaran. Pero ojo, no del todo, no con tanta determinación. Ada Gospel siguió cantando, ahora la experiencia la hacía sentir con el control de su vida; hubo cohetes, estrellas, y muchas nuevas caras aparecieron en cada semestre. Pero siempre el rubio aparecía en sus ideas, de cuando en cuanto. Así pasó los estudios generales. Cuando la vida volvía a asentar melodías de casa, el rubio anuncia su visita. Las promesas y las esperanzas retrocedieron al invierno y fue entonces como Ada Gospel al abrirle la puerta de su casa al rubio, lo abrazó pero en sus ojos ella le daba un enorme beso que compensaba tantas palabras alejada. El rubio estuvo un par de semanas viviendo en la casa de Ada Gospel, y aunque era grande el amor, y mucha la confianza, ambos se conjugaron en un pacto tácito donde esperarían antes de consumar cualquier entrega. Ella le enseño la ciudad, él le cantaba canciones en español. Cuando llegó la nueva despedida, otra vez fue enorme la tristeza y un segundo aeropuerto fue el escenario de la reafirmación de una esperanza. Su amor se puso en pausa, un beso y luego una lágrima.

Llegaron los estudios de facultad, esta vez la joven Ada Gospel cantaba, y tenía al rubio y los pájaros de su coro, pero no imaginaba que en esta etapa cambiarían no sólo sus certezas sino su vida completa. El rubio era el máximo referente y si tuvo algunas otros chicos fue por el temperamento de descubrir pero jamás fue con la intención de erradicarlo. Y quizá en este juego algunos la quisieron más de lo que ella quiso, por inexperta puede que haya sido injusta pero es una gran verdad que en esto del amor la justicia no tiene cabida. Ada Gospel lo entendería pronto. Pero antes, regresó de nuevo en invierno allá, esta vez las cosas sonaron distintas. No hubo tanta magia, a pesar del cariño y el amor. Los meses de vacaciones pasaron rápido y se dio la tercera despedida en el aeropuerto. Esta vez las lágrimas secaron pronto, y es que quizá había una razón para no sentir que iba de vuelta a nada.

Primero, el camionero. ¡Cómo hay caminos que llevan al entendimiento de uno! Este camino, que también se juntaba con canciones, pues Ada Gospel y el camionero tarareaban juntos, la llevó a olvidar el amor por el rubio que parecía muy lejano. Fue reemplazado por algo más urgente, el amor inmediato pero sumado con temor del camionero. Así ambos jugaban en la incineración de esta urgencia, siendo Ada Gospel a quien más afectaba andar en amor de secretos por primera vez. Luego, este sorteo de besos y necesidades desatendidas, volvieron a Ada Gospel contra sus certezas y una de ellas se esfumó en este tránsito. Imprevisto, así como tampoco sirvió para resolver las cosas, salvo distanciarlas; es que su historia con el camionero fue hacia el fin, pero a su vez la hizo sentir que en el mundo el rubio no era el único. Y quizá esta sensación sembró un nuevo compás que desencadenaría en lo mejor que ha vivido hasta ahora.

Lo segundo, cantante panqueque. Este aparte es muy extenso y desviaría mucho la balada, así que sólo se mencionará lo más importante. Ada Gospel que cantaba para ella a solas, y sus canciones eran acompañadas por pajarillos, empezó a crear por nueves meses, dando letra y melodía en su vientre, al héroe de sus sueños en nubes: Julito. Seis letras que para Ada Gospel es la principal pregunta que hace al futuro. Ada Gospel se hizo mamá. El rubio vino antes de eso, pero los compromisos y la lealtad que tenía hacia el panqueque hicieron que el pase del rubio fuera una incómoda compañía. Ella lo juzgo así porque su nueva vida ya tenía al número uno del ranking, creía ella, y lo pasado no ayudaba a afianzarlo. La cuarta despedida en el aeropuerto no tuvo tristeza sino alivio. Siendo mamá las cosas cambiaron, los ritmos, las esperanzas y las metas; Ada Gospel creía que sus canciones acabarían de esta forma. Unida a estos dos hombres, su pareja y su hijo, haciendo su familia verdad. Pero así no fue. Acabó de la otra forma, como un disco roto, las palabras se volvieron oscuras con mucha tristeza acompañando el fin de su vida con el panqueque. Como una doble redonda en la escala, agónica, este final tuvo demasiada duración.

Y la vida continuó, ella con Julito, ella acabando la carrera, y volviendo a estudiar otra. Continuó cantando, por ahí surgieron nuevas canciones de amor, pero todo fue un ejercicio pasajero, sus notas al cantar habían perdido brillo, y los acompañantes no funcionaban por una u otra razón. Y en la última parte de esta balada el rubio aparece de nuevo. Vuelve con furor, oportuno renace esperanzas que parecían perdidas con hombres errados. Y pasa otras semanas en casa de Ada Gospel, ahora conviviendo con Julito. Otra vez Ada Gospel vuelve a tener dos hombres importantes, quizá la combinación adecuada esta vez. Y con la nueva despedida, la tristeza enorme de antaño regresa, ahora que es mamá estas lágrimas tienen el sabor de haber pasado por días duros para volver ahí. Madurez de amar y sufrir. El quinto aeropuerto aparece en sus vidas, con la promesa de que habrá más. Poco después surgen dudas acerca de que tan separados están ambos en sus nuevos caminos, son dudas, son temores es seguro, pero es el interludio entre dos aeropuertos que quedan en el espacio de la incertidumbre. ¿Qué notas tendrá la siguiente parte?

CODA: Y Ada Gospel se coloca unos lentes, sigue igual de flaca y toma parte como todos los domingos de las canciones que valen por dos oraciones. Cargando a Julito, en un día con sol de invierno en La Perla, se pregunta qué larga es esta canción, han pasado tantos y todavía siguen cantándola el rubio y ella. ¿Hasta dónde se puede extender la promesa de un amor de juventud? El rubio es hoy, luego de Julito, el hombre que más ha estado presente en su vida, y contra todo pronóstico todavía no se acaba la esperanza de que terminen juntos. Y vaya que sí pareció que ya no se daría. Me cuenta en un momento de confianza: debe significar algo que sea el único hombre al que he amado con el que no me he acostado, quizá sea porque nos estamos esperando, nuestras promesas siguen en pie por algo. Yo le digo, ese es el tipo de amor que alguien celestial envidiaría, eterno y con misterio.


1 comentario:

Chio dijo...

me hiciste llorar.


Gracias