Aquí no hay luz, solo el reptar de esqueletos sincerviz.
Se hereda el Palacio, se hereda la herida,
mañana el sol de julio vestirá una sombra conocida.
Bienvenidos al último día antes del fujimorato, las ruinas de una lucha que la mitad más uno prefirió olvidar, y la otra mitad entre luto y reproches se sienta de nuevo en la trinchera, en un Perú que ensaya la letra de su antigua tarea.
El viejo regimen despierta veintiseis años, después, reencarnado.
Mañana juramentarás, pero ninguna dinastía de barro soporta las cuentas pendientes.
Heredas el fajín y también el precipicio.
La justicia tarda el paso cuando al final entierra.
Caerás como cayó el viejo, directo al fango bajo el peso de un pueblo despierto y cansado.