huyendo del sentimiento de estar juntos entre diccionarios,
3/3/21
Combustión
huyendo del sentimiento de estar juntos entre diccionarios,
27/2/21
Diecinueve 79
La respiración es un atributo tan inmanente que hay poca atención a su necesidad. Es como la cualidad interior más general de tu ser, y que sin embargo puede ser esquiva con mucha facilidad. Así fue como me hube postrado en experiencia carnal, bajo el sol de enero transitando a febrero, recibiendo la brisa veraniega y contando mi frecuencia respiratoria en un minuto. Al unísono del parpadeo en un oxímetro que botaba un número que no debía bajar de 95.
Sabía que me iba a tocar pero otra cosa es vivirlo. Cuidar por dos semanas a una señora que amo en extenso, no tendría otra repercusión. A pesar del inicial resultado que yo daba negativo cuando ella enfermó; solo fue una prórroga. Pero agradezco ese orden propicio, fui fuerte para atender los setentaisiete años cargados por la venerable mujer de ojos claros que me vio nacer. Luego debí ser fuerte para mantener ese regalo vital que me dio.
Enfermarse de Covid es una enfermedad que en su estado moderado a grave se vuelve una enfermedad de la respiración. La respiración que nos permite potencia para levantar la barra de 80kg en una sentadilla, la respiración que se intercala muy hondo cuando estas en la labor de parto para que tu hija venga a respirar también, la respiración que viene cuando lloras extensamente y entre mocos se hipa el ritmo de tus inhalaciones, la respiración cuando nadas en estilo libre y tomas bocanadas para tener control de la velocidad de tu esfuerzo, la respiración cuando estas besando desnuda a tu pareja y el placer recorre la piel de gallina de tu admirable excitación. Y muchos verbos más.
Y con un timo la vitalidad se une tan intensa a la respiración, que solo te empuja a tener aplomo tonto y paciencia ladrando. Las horas temporales horadan el pecho hasta llegar al espinazo porque sientes un fuego en cada extremo del lugar donde deberían residir las alas de nuestra historia angelical. Lo entiendes, cabeza, pulmón y piernas son eslabones para llegar a tu cama y persistir respirando, porque o eres una cadena de hierro o eras un cometa de seda.
El aire a nuestros pulmones, el aire que nos controla al intervalo de entrar y salir de tus vías. Respiración honda. Respiración chiquita. Respiración rápida. Respiración lenta. Respirar te lleva a otros estados de conciencia, pues el verbo respirar es centro y el todo. Con objetividad materialista, llegas a tocar caminos amarillos y escuchar los arcoíris de Venus en ti; en serio, generamos cosas y estados en el parénquima cerebral:
Y me puedo olvidar de mí al entrar en el laberinto del ritmo aeróbico, entre sangre y gas. Como dice la biología la respiración del bebé, tras cortar la unión umbilical, es la primera acción autónoma de todo humano. Y al momento de morir, el termino de tu respiración es de las últimas acciones de tu individualidad.
Somos seres contenidos entre dos respiraciones fundamentales.
Y en la soledad dibujada al estar enfermo, recuerdas el pasado y también el futuro. Porque estás adelantándote en el tiempo, si logras regresar a la salud. Tomas con voluntad el camino de tus acciones venideras para construir lo que recordarás que aún no haces. Pero sabes que quieres y puedes.
Entonces vuelves a respirar, con mucha obstinación, y luego espiras fuego , tierra y agua. Convertido bajo mantos de aire, eres carne de cuatro elementos nadando con éter, en lianas de telarañas y tablas despintadas de remordimiento. Caes de cabeza.
Paras, te dices, me digo: oh consciencia, eres adecuada para mí, quedémonos porque falta todavía. Y sonríes, tosiendo claro está. Sueños de mares, marea de mentes, mentas en luz, luzeas en amor.
8/1/21
Gitana al amanecer
Dentro de una casa, en una madrugada de verano esta madre primeriza se despierta con los llantos de su recién nacida para alimentarse. Mientras ambas están acomodadas en una silla, al darle de lactar ella empieza a sentir una comunicación bendecida con su hija. El poder de un amor maternal la inunda como algo que no ha experimentado antes. Es clara y directa, la sensación de felicidad y satisfacción mas honda que ha conseguido sentir. No se puede explicar que con tantas décadas viva, hasta ahora recién conoce el deleite de una unión que le dice en el corazón: quiero estar junto a ti. Su hija deja el pezón adolorido para dormir de nuevo, la pone en su cuna y regresa a la cama con su hombre, que duerme seco.
Inadvertido del suceso que vivió su mujer; ella lo mira con cierta paz cubierta en una pena sin condiciones, piensa que él se perdió esta maravillosa cercanía que acababa de alcanzar. Echada, los pensamientos no cesan. Y surge soterrado un suave resentimiento. La forma como estaba con él ha empezado a cambiar. Ahora, susurros como la suerte de él por seguir durmiendo, que lo dejará bien descansado en la mañana; y lo injusto que es que la lactancia solo implique a la mujer; que él no se levante y le dé un biberón con leche, sin siquiera haberlo previsto. Su hija, vuelve a llorar de nuevo. Aquí su ira y resentimiento ya llenan el ambiente, porque no ha podido volver a dormir. Otra vez más.
A la espera del peso de sus propias preguntas, ahora mira un cuadro colgado en la pared que le regalaron por la bebé. ¡Por qué me siento resentida y colérica para levantarme y alimentar a mi hija! Es culpa, ¿es que tengo algo malo? Soy una mamá egoísta. ¡Por qué la ira con este hombre! Ni cuenta se da, ni sabe lo tanto que quisiera tirarle este puto cuadro. Es injusto estar despierta, no es racional sentirme tan solitaria, si mi hija y él están aquí. Nada parece haberla preparado para esta ira cercana a sus manos. Su hija duerme, él duerme. ¿Qué puede sentir sino que le cuesta el sacrificio? Le queda evidente, al curso de esta noche, que ella no puede escapar a la ira y el resentir. Es imposible que la hermosa pequeña sea la culpable de estas sensaciones, ella que le acababa de regalar la unión mas dulce que ha conocido. Queda entonces un sujeto. Él es el culpable de que pierda libertad de sueño, le salgan ojeras lóbregas, pierda lozanía y le duelan los pezones. Su ansiedad se expande oscura, y él ni siquiera lo nota. Se echa otra vez, y voltea a mirar al otro lado, concentrada en su respiración para que pronto olvide, debe dormir. Tiene esa esperanza, sus palabras negativas no deben estar para la mañana. Eso pide en un deseo antes de desvanecerse en un sueño cansado.
1/1/21
Todos las chicas del mundo
En este viernes que data el inicio del año 2021 del calendario gregoriano; las muchas sucesiones del tiempo que hemos vivido dibujan un proceso rítmico que gira un círculo, entre el rojo y el negro. Como el silencio de un relato de ciencia ficción donde femenino y masculino son energías de los años; que en sí se superponen en el capitanazgo de nuestros ensueños.
Ayer le di cierre a un ciclo de 3 periodos de años hermanos, donde al aire de la oscuridad me quedé preguntando ¿Cuál era el sentido del tiempo cerrándose en época de verano? Un espacio lateral de genes y recuerdos entre adorar o luego aborrecer. Sol y mar para abrazar. Mira entonces lo que han hecho de nosotros las conexiones, la comunicación inmediata de cigarros y olvidos, en nuestra relación cercana con el trascurrir. Como soy, si soy un rayo de conciencia en medio del amor y la luz.
Las personas entienden que las preguntas llevan a más interrogantes de lo que sucedió anoche, o pasará en la mañana. Y me parece hoy más sencillo, y también placentero, caer dormido que caer enamorado.
Entre adorar o aborrecer, me surge un eco sobre dos proposiciones que me han susurrado las voces del destino ayer, día último de un año con muchas reminiscencias hacia 22 años atrás. Como dije se cerró en mi vida esta recurrencia de 3 años hermanos por sus cualidades lunares y calendario. Retomando, lo que escuché primero fue cultivar el desapego para transformarme y lo segundo fueron las reglas de como criaré a mis hijas.
Queda por entendimiento el curso de acción y conductas, en estas sugerencias.
A entrecejo de la idea que todo inicio mío viene de la conclusión de otro. Asiento, ante la duda dulce de que mi destino tiene más peso, que mi mente; y que entonces el número cinco lleva a una escalera amarilla verde, y en este punto mis palabras suenan tan raras, pero tienen mucha lucidez pues la ascensión tiene colores, tiene aritmética y sobre todo hay conexiones. Cuál es la conexión que me surge a esbozar una sonrisa por las bendiciones recibidas y la protección dada. El camino señalado en el amor hacia la divulgación.
Y hubiera querido que sepas. Pero no se han dado las puertas para este propósito.
Aún así entre la espera de una vida, al ritmo de un auto veloz bajo el sol apacible que salió hoy; mi mente y corazón perdidos en control, no han sido devotos de que el mundo me vea porque no pueden entenderme, porque con toda firmeza solo han querido que tú sepas quién soy yo.