23/9/20

No importa la reina

Tomamos en este momento de nacimiento de la primavera, una transición, y puedo pensar ¿si acaso hay futuro? Varios han muerto en estos meses, porque además se extienden los modos oscuros de las dedicatorias, que solo refrescan la brevedad de la vida. Y las fotografías no tienen respiración, por mas pálpitos que hayan producido.

Pero cuál es natural peso de una época como la del Covid-19, la respuesta es directa y sin ilusiones: transformación. Yo realmente he sido un niño muchos más años luego de mi juventud, y puedo pensar que el proceso de volverse hombre es un camino para entender el respeto y los límites; míos y hacia otros. Y soy estúpido y yerro. Y aunque involuciono en una galaxia de estrellas, que mejor pastilla que sí, no tener la última palabra, ni justificar, solo ofrecer un simple perdón.

Siendo yo, teniendo el control y conociendo que la responsabilidad es un trabajo exponencial. Porque la responsabilidad es una energía que genera vínculos de generación, creación y evolución. 

De qué me hago responsable. De todo lo que he hecho, pensado y sentido. Y aunque no existe control de emociones y pensamientos, es muy cierto que lo que más importa son las acciones. Y respondo con todas mis habilidades por mi actuar, y aunque no he ido terapia, si reconozco que quién fui antes, ya no está en el mismo salón de hoy. A través de luz, lágrimas, paredes y tormentas. He crecido mi credo.

Entonces, comisarios de mis culpas y remordimientos, sí he sido culpable de actos que hoy no me representan. Y aquello pasado aunque me produce miedo, es más un ego como armadura en la oscuridad. Y con viento y calor, lluvias y sol de reyes y reinas; creo que también es natural soltar el miedo de que el pasado te caza. Solo queda respirar cuando acudan mis miedos. Y gritar, cantar y sonreír. 

Fallé y perdí gente importante. Pero, es imposible tener a mi lado a toda la gente valiosa que me tocó conocer. Fue un presente, que como regalo en nuestras vidas se permite un espacio de alejamiento, porque las espaldas y los corazones de todos tienen espacios limitados para retener más allá del tiempo señalado por Dios. Recuerdo en este punto la enseñanza, Dios sabe lo mejor. 

Aprendí entonces que la vida no funciona  como un camino de acumular solo lo bello y especial; también el proceso vital es soltar, las manos que tuviste junto a épocas, y con esto pierdes miedos y suciedad. La mayoría personas valiosas en mi vida fueron un breve acompañamiento, y hay un cuantioso número que nunca conoceré. Transformación del verano al invierno, y del invierno al verano en un ciclo continuado. Y al final, solo muy pocos, alguien de la familia o una u otro amigo, persistirán. Eso va bien. Perder para sostener aquello que debe permanecer.

Necesito esperanzas. Y seguir ordenándome día tras noche, que debo creer. La llamada a la magia y al reino del dominio personal.

Mosca, Aviador, Nana, Ada, Silvia, Julie, Sobri, Curro, Mazeta, Ponyo; también son magia, son parte del juego. Gracias.

Perdón, si me lees y te herí y perdí. Era parte de mi proceso de inmadurez con yerros, y en sumas y restas no merecía quedarme, tú tampoco porque hay un camino.

Seguiré, continúo. Como una radio universal, continúa la música y la creación. Punto seguido.

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Sé que este diario, o textario, que ha sumado muchos agostos desde su nacimiento, es posible que un día llega a un fin. Mientras llegue ese día del fin del mundo donde ya no se renueve más; por lo menos en cada mes tendrá un espacio para el vaivén de nuestras comidas, de nuestras posesiones, de nuestras comunicaciones binarias. Porque pulmones, corazones, riñones, intestinos y más sistemas orgánicos, no ha llegado la hora de que nos decepcionemos. Quedan verbos, sigo por acá.


2/8/20

sábanas

Cuando estoy echado a mediodía en esta cama de dos plazas, bajo un par de frazadas que permiten darle espacio a la ventana abierta,
escucho en este paso del viento que llega, el canto de los pájaros, y en su trino puedo adivinar que se alegran de que no haya tantos humanos por ahí y por allá. 
Bajo estas frazadas y una sábana estiro mis pies sin medias, frío y largos con firmeza recorren el espacio de su libertad con mucha exuberancia. 
Te das cuenta que tus pies sonríen porque no paran de mover los dedos y se desplazan en la prisión oscura de tu cama con mucha soltura.
En diagonal, recogidos, estirados, ángulo recto, tengo la panza hidratada de jugos de naranja, y por el sabor cítrico de mis labios me place el domingo. 
Liviano este momento, bendito el rato a solas oyendo pájaros felices de no ver humanos. 
Los entiendo. Los acompaño moviendo mis pies bajo dos frazadas sin ninguna otra dirección que sentir, una vez más, el ahorita. 

1/8/20

estrella al norte

Te hablo de una historia entendible como que te puedo sentir
Quisiera que lo pensaras, yo llevaba un pequeña mochila negra entonces 
Y por alguna razón quisiera haberlo notado más sencillo de portar. 
Pero entonces llevaba mucha inmadurez y más miedos producto de mi inexperiencia. Si reconstruyo mi narrativa, en esa mochila he llevado tus cuadernos. 
Hey chica, ¿te he gustado? 
Creo que de simpáticas formas te sonrío porque es la primera vez que pienso que pudo ser así. 
Hoppípolla debió aparecer y sonar en nuestro otoño invierno. Por eso sonrío más, nos adelantamos siete años a esa melodía islandesa. Jugamos y soñamos, por eso no envejecemos. 

31/7/20

mírame a las 6

Dejas feliz sobre el camino de cerezos, la huida del pasado,
tú y yo de las manos juntados
Volaré hacia una piscina vacía en una patineta setentera. 
Y con ese giro al aire podemos encender el baile de tantas vidas en sus inviernos. 
Imagino la danza de pequeñas historias que nos hemos contado, 
donde me dices que no sabes bailar salsa, pero yo tampoco. 
Empapados de una fiesta subterránea, con el ardor de una tarola y una botella helada de maracuyá. 
Intentamos, entre sueños pintados 
un mundo elevado y claro
Y en giros como amigos jugando en sillas con fuego
Somos remolinos, y llamo a un recuerdo
que nunca ha sucedido allá afuera, 
tantas veces soñado esperando en la forma del silencio. 
Que habrá sucedido por tus pensamientos la víspera del primero. 
No, nunca hemos estado. 
Pero te he esperado en los inviernos que vienen a cazarnos. 
Oteo la luna mientras tú miras al sol
Y esta noche estamos aquí, 
yo pensándote y tu llamándome. 

28/7/20

Sirena cohete

Empezamos con las noches frías de este invierno no estático, que entre el viento trayendo en sus silbidos las penas de tantos idos por la pandemia y entre el sol de mediodía que abriga de luz saliente estas semanas; nos hacemos audiencia del incansable vaivén de la naturaleza consciente de caos. 

Monumento a nuestros ojos, 
historia de los relojes que avanzan sin batería. 

Desconocido es para mí, también para nosotros, qué tendrá deparada la vida para tomarse hoy como un presente y mañana como un recuerdo regalado. Es julio que se acaba pronto, en un año de premoniciones y de cierres para esta era del pez.

Sin embargo, recordemos también los nacimientos, que arriban con el llanto de una recién nacida, que ante la luz del invierno conjugados con sus estrellados aretes de oro en los lóbulos, remarca que el sonido es el inicio. El sonido también enlaza con lo divino.

Cuenta una vieja leyenda hebrea que fue necesario templar el material de nuestras almas con nuestra carne, con mucho sacrificio y dolor. Transfigurar nuestro ser con un errante caminar por un desierto de días calientes y noches frías con poco alimento y bebida, para que se expulse atosigando nuestra carne de la sed y el dolor, los yerros del ego y la ira, la nostalgia y la pena. Y ya con el último aliento, abandonados como pellejo, somos el metal que labrará Dios. Pero claro ese es el camino de unos pocos. Aunque está para todos.

Hoy los desiertos son vastos y mucho más sutiles; en redes de información, en la vasta intranquilidad de que no somos quienes quisiéramos. De qué soñamos lo que otros consiguen, de que perdemos lo que otros desean, de que caminamos con zapatos en tierra sagrada para pisar descalzos.

Es una oscura y brillante línea de horizonte que se traza, bajo la neblina, bajo el sol oscuro; con los cantos de sirenas que ya no dejan tiempo de amarrarse al mástil de nuestros vehículos, o de tapar los oídos. El sonido de esas doncellas de Odiseo, nublan el camino de mujeres u hombres. Con bastantes pensamientos que trepidan y desgano que avasalla.

Y dónde buscamos la felicidad, para completar lo que nos sacan las sirenas del mundo. Es una gran pregunta, es la cuestión de hoy.
Quizá en un viaje a las estrellas, que son la multitud del firmamento, el espejo de nuestro lugar en el universo y la tela que abriga la atmósfera.

Quizá en saber que las estrellas no están afuera, sino adentro. 

En puntos de nuestras pieles, en surcos de nuestras venas, en remolinos de vellos, en los lunares que poseemos, todas ellas se quedan impregnadas por las huellas estelares de lo que somos cuando escogemos y lo que nos depara el mañana luego.

Queda nuestra voz, porque somos los que destierran sirenas con sonrisas, la sirena que hay en ti estuvo antes en mí.