20/5/12

golpes

Una mañana, de joven, el mosca escuchó a un hombre obeso y ebrio, que dictaminó burlándose que a él le faltaba alma para enamorarse. Que debían sacarle la mierda muchas veces y con esos raspones en la piel, unos chuzos y estrelladas, luego de todo eso podría decir con honestidad:
 

ya tengo alma 
para amar…
 

escuchó, pensando en la sabiduría de su carencia de alma, y que nadie más sabría eso. Al caminar por el frío de las calles limeñas, va por aquel nervioso tumbo que frena el corazón. Que tiene tal fuerza que reduce el potencial que todos tenemos de enamorarnos miles de veces, a un solo caso, que desde entonces y quizá durante todo el tiempo de una vida, defina la forma como el amor debería sentirse. Un alma que llega al golpe final de amor.

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