1/4/17

Moderación, cógeme

La soledad que nace por el silencio de tus labios, bajo la noche donde el cinturon de Orion destella, llegamos junto con el mes de vientos del otoño. Un mes de consejos, donde recuerdo la esperanza de un beso que nunca sucedió contigo, sobre el atardecer y el malecón frente al tornasolado infinito de esta agua sobre Tierra que parecería caerse en algún momento del espacio. 

¡¡Cuántas cosas que no sabemos!!

Porque llama mi espíritu entre risas, la corriente de tu presencia.
Cuál es el sentido, si los barcos se hunden, los aviones caen y las calles se inundan; pasa el tiempo oscuro y existen unos labios que no saben pronunciar mi nombre. Aunque tu nombre y el mío son casi uno, como en el sonido que recorre todo la creación, de polo a polo en el cosmos. Nos une nuestra rima, nuestras silabas.

Con este amor que te espera en eterna libertad. 

Las ideas de todos los profetas están dibujadas en las paredes, en el olor de esos señores bebiendo cerveza, en la contaminación que bajo presión señala que sí, que somos compañía en la soledad de nuestra palabras distanciadas. 

Una tarde aparecerás frente a mí, y aunque he imaginado ese momento. Creéme que no sabré qué hacer y es muy posible que por eso no haga nada. Pero en mí, ese momento será una tormenta donde tú eres protagonista de todos los sueños y tu boca es el destino de la magia, esa magia que nunca muere y yace en nuestros huesos y labios esperando explotar.
Queda un dibujo que hice sobre arena a punto de ser alcanzada por mar:
¿Qué hay que hacer para alcanzar al Señor?
Uno sólo necesita trasplantar el corazón.
INAYT SHAH
La playa donde se esfuma se llama Embajadores, Santa María. Y ahí está el secreto de lo que nos debemos, y lo desconocido de nuestras almas.