20/2/09

Fisica II según el Mosca


¿Cuánto te toma llegar desde lo cómodo hasta lo desconocido?


Es el Mosca sobre una avenida de poco tránsito. Lo acompaña la Nana, ambos eufóricos luego de un concierto rabioso. Siempre desubicado el Mosca ignora hilar. Finalmente le pregunta a ella si recuerda su fantasía más querida:

- mmm. Estar echada en una playa tranquila, sintiendo la brisa sin ropa.

Entonces, él descubre dónde comenzar. -¿Nana, ni un hombre entenderá que puedes estar sola y bien?-

Quizá nunca se te haga. Sí pues, acá no, en qué playa del Perú puedes estar desnuda. Calata al sol. Que feo hablas Mosca.

Unos fumones los saludan, el Mosca les responde. La Nana, aunque no tiene por qué, siente un escalofrío. Los fumones le dan nervios aunque sean conocidos.

Nana te propongo algo -Al hacer más lento su paso, el Mosca creería que sus palabras recorrerán menos tiempo para ser entendidas- He pensado que deberías hacer realidad tu fantasía. Ella sigue en silencio. Sí mira, para qué esperar a ser vieja, tu cuerpo estará en decadencia. Huevón, tu vieja será la decadente. En serio, carpe diem Nanita. Y cómo lo voy a hacer si has estado pensando. Conozco una playa pasando Chepeconde, y ahora que no es verano no hay nadie. La Nana niega con la cabeza. ¿Si tuvieras compañía lo harías? Acaso Julie quiere desnudarse en la playa. No es mujer. Ah pendejo eres. No Nana, no como crees. Eres un aguantado, todo este floro para verme sin ropa. Mira pensé en mí por varias razones. ¿Hay más aparte de la obvia? Nana, primero soy hombre. Qué cómico. Mira por ser hombre puedo darte seguridad de que nadie te haga algo y además soy tu amigo. Justamente por esas razones no pienso quitarme la ropa contigo. Oye no crees que es rígido vivir así, sólo te calateas con el hombre con quien tirarás. Es lo natural. Falso, lo antinatural es ponerle un fin a calatearte, por una vez en tu vida calatéate con un hombre sin sexo; además te aseguro que por celos ningún pata dejaría que te calatearas en público. Hasta suenas coherente. Ya pues huevona tú sabes que tengo razón, yo no tengo celos de que estés calata, ni intentaré nada. Mira no puedo hacerlo ¿Por qué? Porque me da roche que me veas desnuda, seré pacata pero mi cuerpo es algo íntimo. Creí que esta era una forma de que hicieras realidad tu fantasía. Gracias pero no, noble Mosca. Ya, no florees.

Su paseo continúa en silencio hasta que se despiden en la esquina que bifurca el camino a sus casas. Separados la noche les queda en pensamientos mientras llegan a dormir.

La mañana siguiente el Mosca tiene una llamada de la Nana. ¿Oye, fue en serio lo de ayer? No. Idiota dime la verdad, si te dijera que lo he pensado ¿De verdad vas a calatearte? Papito, habla en plural, yo no soy ninguna tarada para hacerlo sola. La conversación siguió con los detalles y condiciones en que se juntarían en la misma esquina donde se separaron. A la playa oculta del Mosca llegan a mediodía, hay un sol tibio y unos quioscos cerrados con candados. Es un largo camino de tierra desde la Panamericana, para cuando el olor a alga se hace profundo la Nana ve una hondonada cerca de una rompiente, ahí quiere echarse a tomar sol. Plantan una sombrilla.

Échate tú primero. El mosca se echa sobre su toalla y se saca el polo. La nana lleva polo corto, un pareo, sombrero y lentes de sol. Se quita lo de encima para quedar en bikini. Ok, ahora quítate la ropa tu primero y nada de levantarte. El mosca se quita el short estando echado. Listo ya estoy calato. ¡Por qué hablaras tan feo! La Nana enrolla la toalla sobre su cuerpo y empieza a quitarse las piezas del bikini. Luego se recuesta y abre lentamente el nudo de su toalla. El Mosca mira de reojo pero no puede erguirse. Nada de sapos, Mosca. Finalmente ella la abre por completo y la playa los recibe desnudos. El Mosca puede ver la silueta de ella: pezones, vellos púbicos, sin tener mucha perspectiva. No puede levantar la cabeza como se lo prometió. Al principio La Nana desconfía y mira el rostro del Mosca, pero él permanece mirando hacia el cielo, casi dormido. Las olas siguen y llega más confianza, así se olvida de la compañía para disfrutar su desnudez. El Mosca no hace mucho y se duerme.

Ambos duermen de tranquilidad.

El calor levanta al Mosca, y en ese segundo ve que la Nana está dormida, aprovecha su momento para erguirse. Es cómo lo imaginaba. Pero rápidamente se echa, el efecto en él puede ser notado a simple vista. Toca a la Nana y le dice que se levanta, La Nana se enrolla la toalla y el Mosca se mete corriendo al mar frío para calmarse. Cuando regresa con sus manos se tapa los genitales, sabe que la Nana no está mirando pero el pudor es instintivo. Una vez que él está echado la Nana vuelve a desenrollarse la toalla. Después de un rato quiere anudársela al Mosca como venda, pero desiste. Oye me voy a bañar, confío en ti. El Mosca siente como la Nana se levanta. Cuando está caminando inclina la vista y puede verle la raya del culo, son unos segundos pero tapa sus genitales nuevamente. La Nana nota el movimiento brusco del Mosca, pero le da gracia, y con un chapuzón se sumerge en una ola. Nada largo rato. El Mosca confiado ve de lejos y le gana el sueño hasta que la escucha gritar.

Un par viejos se acercan por la orilla. La Nana llega corriendo tapándose lo que puede con sus brazos, pero tiene que vestirse, y claro que en ese trajín el Mosca se gana más de lo que esperaba por eso sólo se concentra en mirarla. Cuando llegan los hombres el Mosca sigue calato pero la Nana ya está acomodándose el bikini y recoge en su bolso lo demás. Los hombres tienen grandes barrigas al descubierto, pantalones remangados y gastados; dicen ser policías y que esta no es ninguna playa inmoral, que deben acompañarlos. No lucen como policías así que ambos saben que no vendrá nada bueno de seguirlos. Uno de los hombres saca una cuchilla de su bolsillo, al instante el Mosca empuja al que tiene más cerca y le mete una patada al otro para salir corriendo. Los tipos los siguen, pero no tienen el físico para correr mucho. La Nana y el Mosca se ocultan detrás de unos tablones, por los quioscos cerrados. Esperan un rato antes de asomarse. Con la calma ven que el Mosca sigue calato pero no se animan a regresar, perdieron la sombrilla, todas las cosas del Mosca y el sombrero de la Nana.

Para regresar a Lima el Mosca anuda la tolla de la Nana al cinto, ella se burla mucho de la toalla falda mientras caminan hasta la carretera como un par singular. En el bus que los trae unas señoras se compadecen de nuestro flaco amigo, sentado como loco descalzo. Al llegar a Lima se bajan por la casa de Aviador en Valle Hermoso, tocan y les toca esperarlo un rato afuera. La Nana por consideración se queda con él. Aviador sale y le presta ropa. Con eso llegan a la misma esquina donde se unieron en la mañana. Se están separando y cómo nunca la Nana lo abraza unos largos segundos. Gracias por tu esfuerzo. Se ríe. Y no dudes que les contaré a todos de tus aventuras sin ropa. Gracias a ti que no olvidaré jamás lo que vi. La Nana lo suelta. Huevón. Se separan y en adelante, incluso ocho años después, recuerdan con alegría cuando quisieron inaugurar una playa nudista en Perú.

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