3/10/08

de aquí al cielo

Chacas

Como a veces las malas noticias vienen en par, una lágrima de mi mamá y otra de mi papá se juntan para formar una plegaria:



Oh Señor está lloviendo y no me quejo La señorita duerme ahora de vestido azul bordado y labios carmesí. Y ella amaba el agua que podría respirar bajando del cielo. Mi dulce señorita que ahora ya no despertará, Se lleva en sus sueños secretos una historia de flor y celeste.

En alguna remota mañana de enero mi señorita fue bebé. Aire limpio y lluvia que limpia, era un tiempo entre montañas y la gran laguna que servía de espejo para nubes sobre aves. Celeste con nieves coronando montañas. Gladiolos a la ribera de pies mojados y helados. Su pueblo no tiene más de cinco calles y hay una casa cerca a la única plaza, con el balcón pintado de blanco nube; para ver el río y el sol despuntar en esos caminos tan empinados. Ese andar tirando para arriba le dio el carácter para no desfallecer cuando lo impredecible cobraba.

Niña, luego mujer. Desarrolló una natural coquetería y mucha vanidad. Vestidos lindos para salir a pasear, límpidos aretes y pétalos sobre el pelo para oler a paraíso. Caminaba entre las flores que derramaban olor en los enormes ojos azúcar que tenía. ¡Cómo le gustaba salir y conocer de la vida! Segura de que todo el color, todo el silencio y la pureza tenían enseñanzas eternas. Y el baile, cómo me contaban que te gustaba zapatear y hacer resonar tu gran alegría por vivir, por ser mujer, por ser enormemente completa.

Te casaste y tuviste siete hijos: seis mujeres y un hombre. Dejaste Chacas, pueblo natal, y llegaste a conocer el mar. Aquí hiciste una familia que tuvo para mí el efecto más esencial: tú me diste a mi mamá, señorita. Y la criaste con tus enseñanzas de color, de música, de sonrisas. Que luego ella pasó a mí, pero sin duda tú por ser mamá de mi mamá, estabas más cerca del origen de toda la sabiduría que me regó de niño. Tu especial toque para crear y enseñar. Eras bruja, eras magia.

Ese toque te apoyó cuando tuviste la desdicha de ser viuda con siete hijos menores. No retrocediste, y cual junco como siempre te gustaba cantar, aunque se dobla sigue en pie. Por esa fuerza, por ese amor, tú fuiste para 7 hijos la reina perfecta de un matriarcado. Nunca más te casaste, pero la coquetería no disminuyó con las arrugas. Acaso no creas que no te descubrí mirándote al espejo para acomodarte el cabello, alisar tus faldas y sonreír con orgullo.

Pasaron los años, tus hijos crecieron. Mi mamá se hizo mamá una vez, otra vez y la tercera me tocó a mí. Dicen que cuando me viste por primera vez, dijiste que lindita cosa morada. Ese fue nuestro inicio. Yo morado y sin pelos y tú riendo a carcajadas. Por suerte no existen fotos de ese instante, así quedará por siempre en los dos. Sólo los dos. Lo nuestro fue silencioso a pesar de las palabras, travieso a pesar de la lejanía. Me gustaba cuando de niño me acariciabas el pelo, tu mano con arrugas se sentía como cojines de algodón. Adorabas hablarme en quechua para despistarme y luego me traducías lo que me habías dicho. Te reías a carcajadas de mi ignorancia. Otra vez, me diste una cachetada cuando me atrapaste estirando un gatito al sol. Así me enseñaste a respetar y querer: primero, siempre habrá algo que cualquiera te puede enseñar. Segundo, es mejor querer que lastimar.

Y yo te llamé señorita, y tu respondías coquetería con sonrisas. Tu estampa era reírte de los achaques de la edad: tus serenas ocurrencias. Dormir en tu patio a mitad de la tarde. Ser pequeña y sólo preferir ganchos negros sobre tus largos cabellos canos ¡Cuánto extrañaré jugar con tu blancura! Mi señorita de paso lento mientras yo crecía. Decías que necesitabas una silla para darme un beso en la mejilla, yo siempre respondía que siempre me agacharía. Pero al crecer dejé de verte tan seguido. Y sin saberlo, como lo es el paseo de las últimas veces, la última vez que nos vimos te regalé flores amarillas y orquídeas. Tus favoritas.

Ahora duermes. Tú que siempre contabas todo a tu manera, me gustaría saber que dirías de haberte ido. Me quedaron tantas preguntas, tantas alegrías para darte. Te extrañaré mucho, señorita abuela. Descansa.

3 comentarios:

Maria Pía dijo...

Me hiciste acordar a Aves sin nido nose porq debe ser por ese nose q de tantos hijos y soñar en perfecto increible blog ... me devolviste a soñar... sin alas

laespantada dijo...

Pavelius la próxima vez que la veas...ella volverá una sonrisa infinita, las mismas que le producieron esas orquídeas amarillas.
La ausencia es solo la prolongacion de la presencia
que pocos logran entender.

lo siento amigo.

Pavel eSe dijo...

Gracias Mapo
Gracias Demonia

por sus palabras... si pues ahora mi abuela esta por ahí, ahí en todos lados.
muchas gracias, amigas.